jueves, 20 de febrero de 2014

El mundo Distroller...

Creativa y perfeccionista. Aunque también, confiesa, desordenada. Así es Amparo Serrano, creadora de la nueva imagen, folclórica e infantil, de la Virgen de Guadalupe, que actualmente se encuentra por todas partes. Está en pañuelos, en tazas, en pósters, en estampas. Por doquier. Es todo un boom en tiendas, centros comerciales y almacenes de prestigio. Pero la Virgencita, que ya se encuentra también en anaqueles de EU, Europa y Latinoamérica, es sólo un personaje de decenas que ha creado la mente de esta diseñadora.
¿Pero quién esta mujer que ha generado una imagen hoy tan popular para todos nosotros? El Economista platicó con la directora de Distroller, una empresa 100% mexicana, que se fundó hace 15 años, con un capital inicial de 10,000 pesos y que hoy es considerada un ejemplar caso de éxito por su creatividad e innovación.
Todo inició en un óleo
Distroller nace el mismo día que yo. No es una compañía para mí, mejor la describiría como parte de mi personalidad, con la cual nunca quise lucrar, pero un día se vendió y eso es aún mejor”, platica Amparo, quien asegura que todo lo que hoy tiene inició en su infancia. Sí, dice, todo empezó en óleos donde pintaba muchas de las cosas que hoy se exportan a decenas de países, incluida la famosa Virgencita
Amparín, como le dicen amigos y familiares, cuenta con cerca de 150 empleados, y con más de 1,000 productos, siendo la Virgencita la más destacada, un diseño de la Guadalupana informal, con rasgos infantiles y con bastante folclore mexicano. La cual ha generado todo un boom entre consumidores de diferentes edades, no sólo en niños a los cuales se enfoca.
Religión y polémica
“El reto más grande es la religión, porque se piensa que estoy lucrando con la Virgen. Incluso han venido padres aquí a decirme que no van a bendecir mis imágenes porque no se les hace correcto”, platica la diseñadora gráfica graduada de la Universidad Anáhuac de la ciudad de México.
Las críticas parecen no preocuparle. “Las creaciones no fueron hechas con mala fe”, asegura Amparo, quien se describe como creyente. “Yo no quiero convencer que compren mis productos. Yo lo hago con respeto para mí. Es como pintar a dios”.
Entre piratería, exportaciones e improvisación
No todo ha sido sencillo. Ha tenido que enfrentar la piratería, un cáncer que, acepta la propia Amparo, no tiene remedio y se da por vencida. “Le ponen otra cosa. Otra nariz, por ejemplo, y ya es otro dibujo. Es algo que me frustra”.
La creadora de Distroller asegura que entrar en EU no ha sido fácil. “Llegar fue difícil, porque su cultura está alejada de la nuestra. Estamos en Miami y en Los Ángeles. En Miami hemos cambiado las tienda dos veces, porque al estadounidense no le interesa, siento que los niños de mexicanos que nacen allá ya están más familiarizados con Pucca o Kitty”, declara entre risas.
Más allá de la piratería y las exportaciones, Amparo se toma la vida con calma. No se preocupa por los objetivos a corto a largo plazo, ni por las ganancias o pérdidas de Distroller. Asegura que ella disfruta su trabaja y con eso le basta. “No hay planeación. Mi objetivo es hoy. Si se me ocurre un personaje hoy, pues lo lanzo mañana”.


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